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La serpiente se veía muy bien, demasiado bien, tenía cara de mujer, de las más hermosas. Se me hizo muy raro volverla a tratar cuando me dice: "Sorpresa, te tengo una sorpresa". Me dice esto y veo en su cara por una milésima de segundo la cara de Alma. Y como que me viene un golpe en el corazón como de los que sentí en aquel sueño y se me debilitan las piernas entonces la serpiente me dice: "Sube, te están esperando".
Al entrar en la pieza veo a Alma y a Absolutamente Fabuloso tirados en la cama en que yo había dormido la noche anterior.
Y al entrar, estúpidamente dije "permiso" y me sonó tan mal que me dio la misma vergüenza que he sentido desde que encontré ese maldito huevo. Pero el enrollarse suave de la serpiente en mí y el olor del conejo que llevaba en una excelente bandeja que brillaba más que el sol, me dieron un ánimo dulce. Por lo demás no era nadie menos que Alma quien estaba frente a mí aunque no me atreviera a mirarla directamente. Ellos estaban conversando mientras yo ponía la bandeja sobre una mesa pequeña en el otro extremo de la habitación.
Está bien para abrir el apetito, ¿no te parece? A ese conejo lo tenía en la mira hace un par de semanas, el muy bribón... no era nada de tonto. ¿Quieres algo para tomar?
Alma no le contesta y mientras Absolutamente Fabuloso baja por las escaleras a buscar algo para tomar, Alma se me acerca. Me sonríe con una dulzura imposible, sus ojos de mujer se abren delicadamente y llenos de brillo, y uno de ellos suelta una pequeñísima lágrima, y se lleva la mano, graciosa y pausadamente a la lágrima secándola en su piel azul.
Ven, me dice tomándome la mano y llevándome a la cama, te acuerdas de mí, ¿no es cierto? Tú eres el niño que me salvó de ese monstruo, nunca te di las gracias, perdona soy tan loca y rara y todo se me olvida y se me confunden las cosas, pero ahora que te veo sé quién eres y eres lindo, lindo...
Fabuloso entra silbando algo como una ópera. Abre una botella de champaña y dice con brío de caballo "esta es una mañana perfecta". Y se va directo al conejo.
Es tan hombre, tan gallo- dice Alma como si al decir eso lo transformara realmente en ese hombre bien hombre, bien hecho y derecho.
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