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La mayoría de los cerdos se dirigió hacia el lado del bosque en que la estrella roja se había posado mientras que la mayoría de los búhos comenzó a revolotear por encima del río, llamándose entre sí con largos sonidos que parecían no terminar nunca en el eco del bosque. Era como un patrullaje de animales, todos tras el impostor.
Como no podía hablar le pedí a Alcón, nuevamente con un gesto, su libreta Y le escribí lo más rápido que pude: "¿Cómo es que te has transformado en un cerdo? ¿Por qué me dijiste que si fueras un cerdo o un búho sabrías el porqué de esta reunión? Me estás tomando el pelo porque aquí todos te hacen caso. Estoy muy confundido y tengo mucho frío". Alcón tomó la libreta y escribió:
"Yo soy el espíritu del bosque. Entro en todas partes y conozco a todos los animales. Ya es tu hora. Y la mía. Y me alegro porque vas a estar bien".
En eso me agarra de la cintura, me sube encima de los hombros y comienza a correr en dirección al río. De lejos debimos habernos visto como un pequeño gigante, lo que no dejaba de darme un poco de risa y alegría, por fin tenía altura.
Alcón corría más veloz que una liebre, la fuerza de sus piernas era la de diez caballos y cuando llegamos a orillas del sin duda más profundo sector del río, mi amigo me bota al suelo violentamente como si se estuviera sacudiendo algo de encima y me da una patada en la espalda y me grita como si fuera un general del ejercito Levántate, ahora.
Consternado y cuidándome de no tragarme la llave, me paré de inmediato y le pegué una severa mirada a los ojos de cerdo. A lo que Alcón reaccionó con una feroz mirada que me hizo ver el fondo negro de sus ojos.
Tengo un secreto que contarte- me dijo abriendo un poco la boca mientras su cara volvía a ser idéntica a la mía. Y en ese abrir de boca se asomaron dos perfectos, filudos y medianamente largos colmillos.- Yo soy el espíritu del bosque y hace dos años además de honrar tamaño título, soy un pequeño vampiro.- y se rió para continuar diciéndome- No te asustes, sigo siendo Alcón y he prometido librarte de eso que tienes en el brazo. Negando con la cabeza, me puse a llorar a lo bestia sin poder abrir la boca, con muchas ganas de abrazar a Alcón y de quedarme dormido. Pero cuál fue mi impresión cuando en eso me doy cuenta de que la serpiente había crecido seis veces lo que era y que empezaba a enrollarse en mi cuerpo completamente, a tragarme como si yo fuera un bollo o una oveja recién nacida. Retorciéndose en mí, atrapándome, dejándome estático y para colmo Alcón miraba esto fumándose un cigarro y limpiándose los colmillos.
Uy, decía la serpiente, ya no me podía aguantar más. Y me tragó y yo quedé dentro, tiritando pegajosamente entre sus tripas. Luego sentí cómo la serpiente se convulsionaba temperamentalmente y afuera alcanzaba a oír el grito de gallo de Alcón y luego un estallido en el agua, y el agua empezó a entrar en la serpiente y el agua estaba más fría que el hielo y la serpiente se estrechaba cada vez más y yo ya ni cabía dentro y se notaba que debíamos estar entre los más peligrosos rápidos del río. A toda velocidad bajábamos , y también se notaba que la serpiente estaba inconsciente porque no era más que un movimiento descendente el que nos llevaba a esas alturas. Estaba congelado y apretado y con mucha pena y las lágrimas me iban calmando y entibiando el rostro, al menos. Tenía a Alma en la memoria y me morí con sus labios cerrando los míos, y alcancé a escuchar su dulce adiós y me morí con su dulce adiós en mi memoria.