Estaba destruido, físicamente el corazón me dolía, me empujaba el pecho; por cada latido que mi corazón se mandaba era yo cada vez más desdichado. Penosamente me senté entre las enormes y gruesas raíces (como trompas de elefantes), y lloré lamentándome largamente. De mi boca salían palabras como “la desdicha”, “el olvido”, “la muerte”, “la indiferencia”, “la soledad”, “el engaño”… y “los grandes”. Estaba sumido en eso. Con mucha precisión pronunciaba las palabras y la serpiente irónicamente repetía las últimas sílabas de manera enteramente silbante. Y entre sílaba y sílaba escupía un poco en mi cara y una sola vez, cuando me escupió con más contundencia al decir yo “los grandes”, la serpiente me dijo: disculpa. En eso siento que con mucha energía se agitan algunas ramas, vuelan algunos pájaros que pasan raudos, casi cortándome la cara, y luego de un silencio raro y misterioso aparece un niño igual, pero idéntico a mí sosteniendo una poderosa linterna con la que me apuntaba a los ojos. Creo que él estaba más sorprendido que yo de nuestra semejanza. A esas alturas yo ya había parado en seco de llorar. Se me sienta al lado y saca un cigarro de uno de los bolsillos de su chaquetón azul y se pone a fumar, tirándome el humo a la cara melancólicamente, suavemente y ligeramente comienza a sonreír. Luego de fumarse el cigarro por completo, me da una amistosa palmada en la espalda y se pone a buscar algo en otro de los bolsillos de su chaquetón. Esta vez sacó una libreta de notas y un lápiz grafito y escribió: Esta es la noche en que los búhos y los cerdos se organizan. Nada de lo que
haga alguien que no sea ni un búho ni un cerdo tendrá demasiadas consecuencias
ni llegará demasiado lejos. Ese es el estado de las cosas por este sector del
bosque. Creí que el tipo era mudo, creí que el tipo era sordo, entonces con un gesto le pedí prestada su libreta de notas y le escribí: A lo que me contestó con una voz idéntica a la mía: - Si pudiera saberlo sería un búho o un cerdo. Al comprender que el niño hablaba perfectamente quedé fascinado por la forma en que éste prefería conversarme. Le gustaba escribir. Su caligrafía era sorprendentemente singular, tomaba el lápiz como si tomara un tallo mágico, con tal cuidado que hacía aparecer al lápiz como de verdad vivo, y en serio, el efecto era sorprendente, las letras quedaban impresas con una belleza de artesanía. Era un tipazo. Volvió a escribir:
Esa serpiente que tienes en el brazo, yo la conozco muy bien, por meses he
estado soñando con ella. Lo cierto es que en mis sueños no estaba enrollada ni a
ti ni a nadie sino que nadaba sinuosamente por un río de sangre. Siempre el
mismo río, siempre la misma serpiente. Después de haber soñado unas veinte veces
lo mismo, decidí que tenía que hablarle a la serpiente. Y le hablé. Y ella me
habló. Dejó el lápiz dentro de su boca un momento, cerró los ojos con dolor y negando con la cabeza escribió en letras muy grandes y mayúsculas: A lo que le pregunté en voz alta, pero muy despacio “¿Por qué?”. La serpiente al escuchar este por qué mío, se enrolló más estrechamente a mí, lentamente, pero decididamente, de una manera que antes nunca la había visto hacer. Y comenzó a reírse maquiavélicamente, como con una risa de comics, “jejejejejeje”.El niño se asustó muchísimo, su cara empalideció de inmediato y comenzó a desfallecerse. Asustado por él, le di un par de cachetadas y le dije “Despierta, no le tengas miedo, ella es así”. Recuperado el niño, se queda mirando fijo a la serpiente, fijo a los ojos. La serpiente comenzó a hablarle hipnóticamente: Hola, Principito, ¿qué haces en el bosque tan tarde? ¿acaso no sabes que a los lobos les gustas mucho? ¿crees acaso que no saben que no sabes nada de nada de lo que es el mundo, que escribes porque no tienes nada que decir? El niño la agarró con ira del cuello, la apretó con la mano hasta que la serpiente sacó la lengua afuera. No estaba muerta. Y siguió, ahora hablándonos a los dos: Ustedes son como dos perfectas pérdidas totales. Naderías, ustedes no tienen fuerza, no tienen garra, no conocen lo que es la vida de la gente de verdad. Ustedes más bien son un vulgar espejismo de pálidos sueños infantiles y cuando más adolescentes. El niño me muestra lo que había estado escribiendo mientras la serpiente hablaba. Me paro, el niño también y lo sigo caminando por el bosque. La serpiente no paraba de hablar. Hablaba como de pura verborrea, como si estuviera loca por hablar y hablar y hablar. Tanto que quedó afónica perdiendo esa graciosa y femenina manera con la que se había despertado hablando después de dos años. Me tenía enfermo, y bastante enrabiado, porque por lo que se habrán dado cuenta, no decía cosas para nada simpáticas. Entonces en un intento por pensar en otra cosa y cambiar el tema de raíz le pregunto al niño: ¿Cómo te llamas? Me dice: Alcón. Qué bonito nombre Gracias, me lo puse yo mismo. Antes tuve un halcón que se llamaba Mentiroso, era un pájaro fenomenal que me traía las cosas más raras. Y por qué le pusiste Mentiroso? Ah, ese no fui yo, cuando lo encontré herido en la maleza, tenía clavada una flecha pequeñita en la pierna que decía “Este es Mentiroso”. Imposible, ¿cómo un pájaro podría mentir? Eso mismo pensé yo. Me imaginé que el que lo había herido debía haber sido Absolutamente… (y lo interrumpí) ¿Lo conoces? ¿Al cazador? Pues claro, lo conozco como conozco este bosque. Absolutamente Fabuloso es un hombre de temer, pero yo ya no le tengo miedo. ¿Has estado en su casa? Sólo una vez cuando le llevé el cuerpo muerto de Mentiroso. ¿Qué fue lo que pasó? Nada, un día apareció muerto. Y decidí llevárselo al que una vez lo había herido para que se hiciera responsable. Y ¿sabes lo que hizo? Lo miró con indiferencia, me miró a mí y me dijo entre enojado y aburrido ¿quién eres y qué es esta cosa que me traes, por Dios?- y después de una pausa Alcón me preguntó - Y tú ¿cómo te llamas? Anakin, así me puse anoche. ¿Qué significa? No lo sé, pero me gusta como suena. A mí también. Y antes de eso ¿tenías nombre? A veces me decían Principito. A mí también, pero ese no es un nombre. ¿Eso crees? Sí, ese es más bien un adjetivo. Ya lo creo. Bueno, Anakin, me da mucho gusto conocerte, eres muy valiente, quiero salvarte de esa cosa que tienes en el brazo. Quiero que para siempre salga de tu vida, quiero que seas libre porque te lo mereces. Gracias, Alcón. $ |