principitoa mi hermana Antonia



Un día, sin más, la serpiente comenzó a decir cosas, lo sé, es una locura, pero no miento. Primero seseaba y eso no alcanzaba a sorprenderme demasiado. La oía y esperaba que su lengua no fuera venenosa. Me quedaba dormido al seseo y de ordinario soñaba con la mujer del Volvo.

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