principitoa mi hermana Antonia



Al fijarse en mí (porque de pronto, de súbito, de repente, sin razón, me empezó a mirar como si de describir algo se tratase), ese rostro suyo se embeleció oscuro. Dijo que el brazalete que llevaba era de serpiente y me preguntó adónde lo había conseguido, pues ella tenía una cartera igual la que había perdido sin saber cómo ni cuándo. Entonces rió, y el interior del auto retumbó. No sé porqué sentí vergüenza.

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