a mi hermana Antoniacapítulo 3



Absolutamente Fabuloso tocó la puerta de mi casa como queriendo romperse los nudillos y gritando Sé que estás acá. Al abrirle la puerta y reconocerlo de inmediato, le pregunté que si era a mí a quien buscaba. Absolutamente no me vio ni contestó y entró como una ráfaga de fuego al interior de la casa, subió por la escalera haciendo de sus pasos marcha de guerra. Estaba poseído.

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