principitoa mi hermana Antonia



Abrió la puerta, y algo cayó desde dentro. La mujer se introdujo en el auto sin prestar atención a lo que había caído, encendió un cigarrillo y prendió la radio. Yo alcanzaba a oír la música y presentía, que él, quiero decir, la mujer, sabía de mí al otro lado del lago acercándome atraído por esa fuerza de objeto que se cae al suelo.

Alcancé a llegar a unos diez metros del auto cuando arrancó sincrónica a ella misma, como si el cuerpo todo lo tuviera fundido al carro, no sé. Ahí me di cuenta de que algo muy raro me estaba sucediendo con la persona aquella, que había quedado prendido, pendiente y nervioso. Muy, muy nervioso.

Obviamente caí de cabeza al suelo buscando eso que había quedado por algún lado, que tenía una forma, qué decir, medio oscura, que estaba ahí entre la maleza, como un sapo o una cartera, algo escondido en la noche azul de enero.

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