pepitas de sésamo
Volviendo y revolviendo remolinos, molinos, remolones de vientos que vinieron arrastrando ciclones, lagartijas, guarisapos sonrientes, edificios de ventanales sin picaporte, tenemos al hombre de chaquetas y cueros y negros y café y piel y todo mimetizado en charcos cerca de las veredas que estallan más fuerte que la bomba H cuando los revientan neumáticos cuadrados, para eso se han creado las lágrimas y llantos y vómitos y conversaciones zumbantes como aviones muertos, para retomar el exilio de la niña que no es niña precisamente sino una polilla escandalosa de anteojos y criptonita destructora de superhéroes y la convicción casi absoluta de que las hadas existen pero no se les puede besar porque no tienen labios sino estrellas encendidas bajo sus narices pequeñísimas, entonces el tipo de camioneta montañosa está dispuesto a hacerse un cruzado o un gladiador intergaláctico con tal de que dioses le den golosinas sabrosas y plácidas, porque no pueden destrozar manos tan hermosas y pulidas como las suyas que fueron elaboradas con los ritmos más seleccionados de entre las maravillosas estaciones del lodo, por eso ustedes deben prestar atención a lo que está por decirse dentro de poco, no es mera coincidencia que el día esté nublado es algo arbitrariamente sugerido, cuando Marte, planeta regente del signo cabrático cabruno cabra cabra cabrito, me conceda el honor de elevarme un estadio repleto de fanáticos del fútbol, haré una estela curvilínea y gritaré una canción que no existe, porque si por si no lo sabían, yo no canto, grito, y eso es ciertamente cierto, no contradigan a los niños con suspensotes que son más educados y limpio que los que sólo usan cinturones, que eso es de pendejas, que no saben que las margaritas sirven para hacer trenzas ni tienen posibilidad de verse en el espejo gigantesco de un baño tamaño natural, para eso he llamado a mi inseparable compañero Pepitas de Sésamo que es tan profundo como los hoyos negros y es, más aún, sonoro como los chapuzones de las monedas en los pozos de los deseos, lo he traído para oír su nombre porque es el nombre más hermoso de los siete continentes y si no lo oyeron antes ahora tendrán la milagrosa oportunidad de leerlo despacio, en cámara lenta, pueden incluso recitarlo porque es como un verso: Pepitas de Sésamo, y no es lo mismo que referirse a los ojos verdes y azules enmarcados de cejas frondosas y frutículas que pasean por galerías de arte donde se hacen exposiciones y todo el mundo y gente de otros planetas bebe un brebaje lleno de burbujas dulce y tibio que tiene un poder increíble para deslizarse en la garganta y hablarte desde el estómago sobre cientos de esculturas que en realidad son edificios góticos montados sobre pechos gigantes y acróbatas sin red de esos que caen y se estrellan en los circos, nadie los recoge sólo los muestran en los noticieros y dejan que se pudran en algún hospital de carniceros, luego uno come salchichas, jamones sin saber que vienen de trapecios fabulosos danzarines multiplicados y haciendo el amor en lo más alto del cielo, esa si que es una buena forma de enamorarse, debería ponerse en boga, consecuentemente los hombres preferirían los domadores de leones y arriesgarían meter sus cabezas en inimaginables bocas dientudas molares porque sabrían que mirar en una lengua pegajosa es más amplificador que una lupa y más alcanzador de distancias que un telescopio profesional, para eso he llamado a Pepitas de Sésamo, mi compañero sentimental que moquea todo el tiempo, para explicarles claramente sobre el misterio de la trinidad, que no es cosa más simple por falta de metáfora, es cuestión de ver el hielo, el río mar piscina o parecido, las nubes, ya tenemos tres formas de agua, y todo agua en tres formas todo en el mismo instante y en millares de lugares diferentes, para que no se lo tomen en serio podríamos hablar de mi tortuga imaginaria que, sin duda, es un ser muy creativo que pone cristales en las puertas y que cuando sangra por la nariz siente a su organismo vivo y en ascensión a lo supremo, eso sí que es una mascota y no cualquier animal de cuatro patas que lo único que hace es dormir y comer sin contar lo fétido de su existencia, en cambio te ofrece su caparazón de artillería antiquísimo y lustroso exponiéndose en sus lúdicos ensamblajes de matices rectangulares conformando el imponente lomo duro protector de su delicado y melancólico respiro, que recuerda sobremanera a la cabeza calva de un señor muy elegante que se decía estaba más dichoso y borracho que nunca y se tambaleaba loco y solo con una mariposa bailándole entre las orejas recovequeadas y estáticas junto a los puentes mojados de ríos secos sin nombre, ése, ése, ése, tú no lo sabías pues nunca prestas atención a lo que dicen o te dicen o se dice, siempre andas moviendo el suelo a fin de colocar muebles en su sitio, claro está que no es enteramente responsabilidad de nadie, porque ahora que están en la cima de los parques dorados y todos han sido nombrados ministros consejeros presidentes y hay tanta alfombra roja y persignarse con los dedos untados en agua bendita y cenizas, porque sé que vengo del polvo, pero no sé a dónde me iré a ir, supongamos que hoy es miércoles y en las playas los maniceros caminan por arenas mojadas sin preocuparse de vender algo y tiran su mercadería a las gaviotas, porque después de todo éstas son mil veces más agradecidas que turistas , ellos sacan fotografías y hablan en idiomas extraños en vez de perderse de una buena vez por las calles y toparse cara a cara con los semáforos, objetos tan duramente concretos y representativos, que debieran esperar hasta ver el destello al borde de lo invisible de la luz amarilla, momento al máximo fugaz y privilegiado, hay que considerarlo una exclusiva manifestación erótica del pavimento erigido y en erección que algunos automovilistas presencian, si es de noche tanto mejor porque la luna sobrepotencia la noche y la hace una cúpula sedienta hambrienta, como el paladar virgen de mi inseparable compañero de viaje, Pepitas de Sésamo, quien gusta de los paracaídas poniendo nidos encima y agitando las pestañas a una velocidad inconcebible por minuto, esto es imprescindible, el movimiento da rienda suelta al universo y resulta que sin saberlo giramos, avanzamos; corcovea Vía Láctea salpicando crema y leche blanca cuando estamos durmiendo siesta o encendiendo velas a algún santo, santos hay miles y si alguien está dispuesto a serlo, adelante, pero no me vengan con excusas baratas: si siempre hace el mismo gesto y no exclusivisa para Pepitas de Sésamo, para mí no vale la pena juntar dinero o cortarse las uñas o el pelo, no es posible que utilice siempre la misma vocecita encantadora como catarata subterránea para conquistar a quien se le cruce por las piernas, no me hago contribucionista de los límites pero a veces es inaceptable que te engatusen para ser comida de ratones, o transformarse meramente en un roedor muerto de suciedad y rincones, ya lo he notado no hay diferencias no prefiere, me da claustrofobia que no elija, pero dejémonos de llantos que a esta hora debo especificar y dejar constancia del nombre de mi fiel e inseparable lavador, lustrador, almidonador de pies, Pepitas de Sésamo, hace muchos, muchos años, quizás siglos o milenios, alguien pronunció "sésame" y otros tantos siguieron y siguieron modulando la "e", vocal vibrante más que ninguna letra, vocal poderosa y fértil, nosotros estamos enfadados un poco fatigados con esta insistencia innecesaria, debemos decir que ése no es su nombre, ni menos la manera de llamarnos, "Sésamo", con una "o" cerrada, circular y honda hasta el fondo de los vasos, una "o" que se resiste a ser abandonada y permanece inmóvil pero con los oídos abiertos, tragando, debido al clima, tal vez, o e los cambios de temperatura, quién sabe; así como la luna está envuelta de papel de diario y te la llevo al desayuno cada mañana así de quieta la "o" de su nombre, así de imperecedera e inmutable como los desiertos que son no más de uno pero esparcido por todo el planeta ilusionando de espejismos los ojos ciegos y perdidos en bosques profanos que ruegan no más árboles, no más ríos, no más pajaritos melosos, porque lo que necesitan realmente son pájaros en exposición de vuelo que se levanten orgullosos sin poner pata en el suelo un nunca aterrizaje un despegue imperecedero espiralizado y sonrojado de pura vanidad de falta de pudor, un aleteo en el aire multiplicando cada color y dividiendo cada color de manera que habría tanto color que nos quedaríamos, por fin, mudos, sin embargo, con la boca llena por una noción imposible que no contiene jeroglífico alguno, una brisa de nada y de todo que no cabe en ninguna parte así que tendríamos que quedarnos callados con los brazos abiertos, pareceríamos estatuas sin serlo y sí, siéndolo, después de pensarlo no puede importar demasiado el hecho de no saberlo o de saberlo, pregúntenle a Dios, nosotros lo conocemos, pero Él si que está acabado y perfecto, creo que Pepitas de Sésamo le tiene miedo porque cuando se le acerca se pone nervioso, tirita y le crece pelo por todas partes, antes era muy distinto se arrodillaba burlón y escupía, yo le decía, más respeto, Pepitas de Sésamo y él se emborrachaba y estornudaba poseído de sí mismo, cuando lo ponía frente a un espejo se disolvía y al poco tiempo se regeneraba con un brío estridente, aunque dudoso, ¡Ay, este amigo mío!, ¿A Quién tuvo que venir con cuentos?, según lo relatado es un honor para mí saber que esto fluyó como un chorro de sangre tibio y helante, y que tosiendo el atragantamiento pudimos salir a flote e instalarnos a alimentar peces salvajes terribles monstruos marinos que nos entretuvieron y sedujeron durante eternidades sudadas de vueltas de carnero, en el mismo instante la vida paralaliaba con trompos y abanicos, los hombres se armaron de ollas y utensilios y cocinaron toda la historia sin que estuvieran listos los ingredientes, fue un desastre, no tan desastroso como el instante más trágico que pueda crear imaginación humana o divina, momento al que no me referiré por una vergüenza compulsiva bordeando lo orgánico, nombremos su no nombre y enterremos el asunto; señores la tarde es triste y la casa se ha quedado, de pronto, vacía, los marcos de los cuadros han caído de golpe, y los cuadros se han ido lejos, señores melancólicos oigan las puertas tartamudeando una sentencia de que es hora de poner las cosas en su sitio y mentir de buena gana orden y burguesía, no queremos mentes enfermas delirantes que chorrean las alfombras con sustancias pegajosas, amarillas y nauseabundas, por favor, pongámonos serios, exigimos coherencia, si vas a contar algo queremos un principio y diálogos, muchos diálogos, ilustraciones importadas y un final sorprendente que nos enseñe una luz inolvidable irrefutable para contársela a nuestros nietos, no requerimos de anticuchos multiformes separados ensartando letras como un recién nacido, dramatismo a favor del transcurso glorioso del fin de los por siglos por los siglos, ¿recuerdas, Pepitas de Sésamo?, éramos hurtadores de hostias y mercurio, primero escondiéndonos en los confesionarios robamos la llave sagrada, la voz de araña nos contraía las extremidades y arrancar era imposible, resignarse a caminar y todos mirándonos con ira, "herejes", nos tildaban; elegíamos, es cierto no me resulta despectivo, más bien exacto, segundo en el laboratorio un frasco vidrioso pesado delicadamente sucio, una suciedad sutil encantadora que brilla, ¿cómo resistirnos a tamaña diversión? Pepitas de Sésamo tocaba con dedos, narices, estómagos. Ojos el denso baile plateado lo unía en una sola lengua para convertirlo después eb el universo más deslizante de todos los universos