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Era casi imposible hablar con Fabuloso. Mientras Alma seguía en una larga y alta reflexión en el baño, el actor intentaba convencerla de que las cosas iban a cambiar; de que él iba a cambiar, de que todo sería normal y bueno, de que podrían vivir en el bosque, que comerían sólo alimentos silvestres, que botaría el celular al basurero, que dejaría la televisión y cosas por el estilo... pero Alma no dejaba de hablar de ella misma, de su infancia, del fracaso de su destino, de lo mala que era una mujer del demonio que le había estropeado su carrera y de otras cosas como su cuerpo y su cara. Y cuando dijo clararmente: "no puedo soportar verme envejecer de esta manera", mientras Fabuloso decía: "yo mismo puedo cocinar lo que quieras", yo le dije al actor "voy a conversar yo con ella". Y Alma calló. Y Fabuloso calló. Y Alma dijo suavemente, "déjalo entrar".
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