capítulo 5capítulo 7



VI.

Alma estacionó su auto enfrente de mi casa y se puso a tocar la bocina insistentemente. El Volvo estaba abollado por detrás y por delante, era una completa pérdida.

Ella estaba intacta. Su rostro mascarado parecía personificar a una mujer de otro mundo.

- Debes ayudarme. Absolutamente no está en la ciudad. Vir quiere matarme, amor.

Yo soy decididamente pequeño, casi enano, aunque espero desarrollarme algún día, tengo que reconocer que Vir y yo no estaríamos nada bien en un duelo.

- ¿Cómo podría ayudarla?

- Debes ayudarme a encontrarlo antes de que él me encuentre a mí. ¿Ves lo que le ha hecho al auto? Fue él ¿puedes creerlo? Es un animal, una bestia. Con sus propias manos ha destruido el Volvo. ¿Puedes imaginarlo? ¿Puedes imaginar cómo me dejará a mí cuando me encuentre? Tengo terror a bajarme del auto, tengo miedo a detenerme, puede "detectarme" , el "sabe" cosas, "adivina" mis pensamientos, me "mentaliza". me "predice".

- Aún no entiendo qué quiere que haga yo.

- Ya te lo he dicho.- y eso, eso que dijo me llegó de golpe en la cabeza y el corazón se me contrajo y la serpiente dijo "fuerza".

- Quiere que la ayude a encontrarlo ¿es eso?

Alma asintió. Su gesto esperaba mi respuesta con impaciencia oculta (y perversa).

- Pues bien, haré lo que pueda.

- Súbete al auto.

De aquí en adelante sólo el vértigo me mantuvo en esta historia, ya que en el fondo sabía que lo que sucedía era negativo. Era oscuro, la boca del lobo.

- Esta es su casa, ¿la ves?- difícil era no verla, ocupaba toda mi visión y se establecía en la totalidad de una cuadra- Pues verás, lo que tienes que hacer es muy simple: saltas la reja, corres hasta esa puerta lateral, esa pequeña donde está el doberman ¿lo ves?- era un perro horrible- No te preocupes por él, no hace nada. Lo que necesito es que entres por la cocina, una de las ventanas está abierta, te introduzcas en la casa y busques a Vir. Cuando lo encuentres, ten cuidado de que no te vea, vas y le soplas en el cuello esta "cosita" con este "tubito". Lo haces fuerte, con toda tu energía, él se va a quedar dormido, no es nada, Principito. No te asustes, se quedará dormido y ya. Te juro que despertará a los pocos días cuando Absolutamente ya esté de regreso y yo me sienta protegida, ¿entiendes?

Oh, sí, vaya que entendía. Yo había visto a Vir golpeando el cuerpo de Absolutamente y comprobé el estado del Volvo. A mí también me daría miedo quedarme dormido con un enemigo como ese. Ni siquiera tener un novio como el actor me haría sentir tranquilo, pero en fin, sí, la entendía.

La cerbatana brilló en mi mano y la serpiente dijo "sexy". Yo le dije "cállate" y Alma me quedó mirando sin comprender.

-Voy, salto, me meto en la casa, le doy con todo en el cuello- me salió esto de la boca con gracia, saben, a la manera de un gangster y me sentí muy bravo, muy guapo, muy hombre.

Entro en la casa de Vir, la recorro por completo: el tipo no está. Voy por la cocina, salgo por la ventana y al poner un pie en el suelo reconozco la voz de Vir llamando al perro:

- Venga para acá, Pajarito- el perro respondía a esto con largos ladridos.

Me meto a la casa de nuevo, pongo la "cosita" en el "tubito", me escondo detrás de la puerta de la entrada y pienso, pienso, pienso: todo lo que puedo ver en mi mente es una mancha.

Se abre la puerta y quedo detrás de ésta, escondido. Vir no cierra y deja que el perro entre a la casa.

Alcanzo a verlos desde un ángulo estrecho. Se echan en un sillón blanco. El tipo le dice al perro algo como "las cosas van a cambiar" y se queda momia, no se le mueve un pelo. Me voy directo hacia ellos, resuelto, dispuesto, un experto.

Soplo; la piel del cuello de Vir se abre en una estrella pequeñita y recibe el impacto venenoso. El tipo se lleva la mano al cuello y se masajea con normalidad. Pero de pronto, de súbito, así sin más, lanza un grito ¡Grrraaaa!, se da vuelta y me descubre. Se lanza sobre mí, pero falla y cae al suelo ¡PLAF!

Se levanta, es enorme, la rabia lo ha hecho crecer y tira espuma por la boca. Corro a perderme liebre, conejo, pero me agarra el brazo con una fuerza ¡ay!

Entonces me muerde: mordida capaz de atravesar el cuero de un elefante. Luego de morderme, el tipo cae rendido.

sigue