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capítulo 4 | ||||
V.Llegué a mi casa muy tarde y me puse a soñar con Alma. Estaba columpiándose colgada de un sauce. A sus espaldas Absolutamente Fabuloso le daba impulso. En el árbol estaba trepado Vir quien le gritaba al actor: “¡No rompes ni un huevo!”.En el sueño yo tomaba conciencia de que la palabra huevo se estaba haciendo recurrente y tomaba la resolución de solucionar de alguna manera y prontamente, su significado. Y qué mejor que un sueño para descifrar el asunto. Me materializaba adentro del sueño y todos se detenían; la mujer bajaba del columpio, el hombre se me acercaba y Vir saltaba del árbol como un mono salta de la rama al suelo. Les decía: -¿Qué es esto del huevo? Alma se ponía a reír, cuando digo reír me refiero a una risa sin pudor. Absolutamente, cómplice de aquello me decía que qué estaba preguntando, que si “¿fue primero el huevo o la gallina?”. Entonces la risa de Alma se volvía obscena y ella quedaba desnuda. No es que antes estuviera vestida, pero no sé, se hacía evidente. El actor continuaba: -¿Cuál es el huevo por el que estás preguntando? -Ninguno en particular. Y como no era cierto la nariz comenzaba a crecerme como una rama de sauce y ellos se deshacían en carcajadas que me hacían sentir dolor de oídos. Les decía entonces: -Bien, bien, sucede que una noche Alma botó un huevo a orillas de una laguna. Yo tomé el huevo y lo incubé por dos meses. De éste nació una serpiente- y dirigiéndome a Alma agregaba- que es el brazalete que tengo aquí enrollado en el brazo. Vir me agarraba (vaya con qué fuerza), y les preguntaba a los demás: -¿Se la saco? Ambos se incorporaban, atentos solo a la serpiente, y reprendían a Vir diciendo: -No lo aprietes tanto del brazo. Agárralo por el cuello, da igual, pero no presiones ahí, Vir. Desperté intentando zafarme de unas manos invisibles que me estaban ahorcando. Recuperado en la vigilia saludé a la serpiente, la cual me miraba indiferente. Me dijo: -Duele. A lo que respondí: -Sí, sí, duele. Volví a quedarme dormido. En esta oportunidad Absolutamente Fabuloso y Vir volaban por el cielo a la manera de superhéroes. Alma no estaba en este sueño, pero ambos la estaban buscando. Aterrizaban en mi casa, que no era mi casa sino el Volvo, pero yo vivía ahí (era un auto gigantesco). Obsesionado con la idea del huevo y pensando en la serpiente les preguntaba: -¿Saben algo del huevo? Vir le hablaba al oído a Absolutamente y después de unos instantes el actor: -Es hora de que me entregues lo que has tomado. Las cosas que se encuentran en el suelo no se recogen, niño. Les enseñaba la serpiente y Vir la desenrollaba de mi brazo. Absolutamente la colocaba en un frasco de vidrio, lo tapaba y lo hacía desparecer en frente de mi vista. Era espectacular: un acto de magia. En principio me sentía aliviado, pero pronto comencé a frustrarme. Me amurraba y lloraba estúpidamente “devuélveme mi serpiente”, (qué vergüenza). Entonces me empezaba a crecer pelo por todas partes. En las narices, en los brazos, en el pecho, en las piernas, en las manos, en la cara. Vir me abrazaba y me llevaba volando por toda la ciudad que se veía agigantada como si estuviese debajo del agua. Llegamos a una altura que él denominó como "propicia” y me soltó. Caía y caía y en ese caer iba cambiando. No recuerdo por cuáles ni cuántas transformaciones pasé. La cosa es que al final yo era un insecto. sigue | ||||