Felipe Oyarzún Eichholtz











































La pintura de Felipe Oyarzún es el resultado de un viaje, largo y profundo que involucra un largo trabajo y un desplazamiento corporal y transcultural del artista, y también ha significado un volcamiento de la mirada hacia los espacios internos de la consciencia del ser humano.

En este viaje se ha develado la más antigua y original de las motivaciones del arte, como resultado de nuestras raices míticas ancestrales: el temor y el deseo, el miedo y la ansiedad cósmica.

El temor y el deseo configuran los dos polos entre los cuales transita el hombre en su intento de relacionarse con lo trasendente desde su condición de ser intracendente.

Atendiendo a esto, reconocemos qué somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos; solo así podremos tracender y unir nuestra memoria con un futuro enraizado en el origen.

Es así que en la obra de Felipe Oyarzún no reconocemos una realidad empírica y concreta de nuestros mundos externos, sinó que en ella se nos propone un ejercicio activo de búsqueda, a través de signos que se manifiestan como índices y como puentes que conectan con morfologías psicológicas. Estas raices se sustentan en nuestras más ancestrales raices como continente, como son el universo Tolteca y Maya, con su particular y sabia visión del mundo y del ser humano.

La imaginería de Felipe, se nos devela plásticamente, a través de numerosas capas de pintura que van revelando, mediante las excavaciones de espátula y pincel, dentro de la tela, así como de la cosciencia, un universo de seres que alteran su anatomía para reunir en si mismos al hombre, la mujer y el animal. Estos seres de extremidades poderosas y punzantes se sumergen en el centro de la tierra y se elevan en el espacio cósmico en movimientos dinámicos que dan cuenta de sus motivaciones luchadoras y revolucionarias.

Son seres fragmentados, pero íntegros en su esencia, seres que se funden en abrazos y que reunen en sí mismos las tensiones de las fuerzas originales. Son seres que aparecen una y otra vez en las telas, interceptados por destellos luminosos, del ambiente y de la consciencia que alimentan; son seres que despiden alientos vitalizantes, que otorgan fertilidad y transforman su entorno en energía divina. Ademas una serie de dibujos en tecnica mixta nos adentra en universos de manchas caóticas que generan seres explosivos y fuertes.

En su obra actual, el artista, da cuenta de las posibilidades humanas, no tan sólo de los personajes de sus telas, sino tanbién de su propia arte poética, que se manifiesta a través de un esfuerzo experimental, en la evolución de la técnica y en una profundización en el estudio del color para abordar una problemática humana.

Texturas profundas, chorreados y rasgaduras caracterizan las telas del artista que hoy nos convoca, quien demuestra ser un artista de gran potencial intelectual y plástica, quebrando universos convensionales y fáciles de digerir, para integrarse en lo profundo, en lo dificil, en el complejo ámbito de las posibilidades humanas para realizar su estudio de la morfologia psicológica.

Los invito a creer en su viaje y a ser cómplices de la valentía emancipadora de Felipe Oyarzún.


Ana María Fermandois.
Directora Galería Almendral.